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Letras sin Sentido

Mala Suerte

El corazón delata,
desbocado,
colibrí al vuelo.
El rocío perla la piel,
palabras entrecortadas,
atragantan,
manos temblorosas.

Tu sonrisa enmarcada,
entrecomillada,
la cita de mil tratados de belleza.
El arma de esta herida,
mala suerte.

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Desorientado

He vuelto a perderme en esta ciudad que recorrí tantas veces prendado de tu mano, pero ante tu ausencia las callejas me resultan simplemente extrañas.

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Microcuentos

Posteridad

Aun conservo aquellas fotos que prometimos enmarcar un día.

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101 ¡Feliz Jodido Cumpleaños a mí!

Creí ubicar el momento en que comenzó esta costumbre, pero nuevamente la memoria juega conmigo y se presta para confundir recuerdos, lo cierto es que ya hace algunos años de ello en que esto empezó, quizás de aquel segundo o tercer primer amor que sin duda fue el primero a quien escribí un poema o un par de cartas de aquel que fue el verano más largo de mi vida. De aquellos primeros años escuche Hombres G , y en algún momento llegaría a mí el disco “Peligrosamente Juntos”…

De ahí todo comenzó, no con la frecuencia que los últimos años ha traído o la rutina que viene con los días, pero si como algo constante en mi vida que de no ser escéptico hasta consideraría invocación porque al menos los últimos 13 años se han convertido en tradición (con alguna excepción), de la cual no pretendo desprenderme porque justo disfruto esta parte cuando llega el día y porque justo así se siente cada peldaño de mi vida (desde hace algunos años).

Hoy es mi cumpleaños, felicítame

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Letras sin Sentido

(100) Todas las mentiras

Se anudan a mi cuello,
se afilan en mi lengua,
se clavan en mi boca,
y ahogan mi aliento.

Rasgan la piel
y se derrama el pecho,
tiñen el asfalto,
trazando el camino
por donde desfilan,
penitentes marchan, festivas,
fúnebres, danzan, gritan y callan.

Todas…
Profanas y sagradas,
inocentes y maliciosas,
nuevas y olvidadas.

El primer lamento,
la palabra, las letras,
el verso y los días.

El momento y los amigos,
los tragos y la fiesta.
Tu mano en mi mano,
tu cuerpo sobre el mío.
Ludus, Storgé, Eros.

Los recuerdos endulzados
y las amargas memorias,
el mañana postergado,
los universos improbables,
el futuro inalcanzable
y las promesas incumplidas.
Ágape, Manía, Pragma.

Cubren calle y acera,
trepan por los muros,
devoran la ciudad
y suena al compás la música
fúnebre, tambores de guerra,
batucada, sones, jaranas…
Todo suena, estalla,
todas cantan, de memoria,
improvisando, a pie de letra.

Silencio, susurro.

La mano al pecho
contiene la herida,
respira el abismo,
un suspiro desborda el alma,
la oscuridad regresa
y satura los poros.

No hay llanto, no hay palabras.
Solo silencio, calles mudas,
el vació que aplasta,
el anhelo latente

Quisiera ser río,
y enterrar el corazón bajo sal,
bañar tu cuerpo
a la orilla del mar
con todas, todas estas mentiras
contenidas en una y mil vidas.

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099 Respuesta

 

—¿De quién te escondes? — pregunté, y aún espero su respuesta.

 

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La persistencia del tiempo

¿No lo odias? ─pregunté mientras contemplaba el movimiento del café agitado por la cuchara en mi mano.

─ ¿Odiarlo? Para nada ─, respondió mientras llevaba su taza a la boca. ─Te concentras en sinsentidos─ añadió tras su primer sorbo.

─ ¿Sinsentido? ¡Vaya! ─ respondí, incrédulo e incapaz de comprender que todo aquello le pareciera simplemente una nimiedad. Cerré lo ojos mientras sostenía la taza cerca de mi nariz e inhalé, aun podía percibirlo incluso por encima del intenso aroma del café, aquella fragancia aun saturaba cada célula de mi olfato, intoxicándome, aferrándose cubriendo cada poro de piel. ─ ¿Sabes que podría identificarlo entre cualquier otra esencia? Sin alguna duda…

─ Estoy seguro de ello, cabrón ─ interrumpió sereno, apartando su taza vacía. ─ Pero justo te concentras, una y otra vez, en aquello que debiste dejar atrás hace mucho tiempo. ¿Cuánto ha pasado? ¿Ocho años? ¿Cinco? Y aquí sigues aferrado, perturbado por una fragancia inexistente, un recuerdo que solo está en tu memoria ─, no respondí.

Tenía razón, aquel aroma llegaba de improvisto revuelto en la brisa ajeno a aquella figura que evocaba, aquel cuerpo que una vez perteneció, perturbando mi equilibrio; preso de un espejismo sensorial. Después de todo, de tanto tiempo, de tanta distancia, ¿cómo podría estar ahí su aroma sin su piel? ¿para qué habría de volver?

Levante mi taza, di un largo trago, y nuevamente percibí el aroma de ese café, solitario. Invocando recuerdos de la infancia, de aquellas mañanas de beber café, pero “solo un poco” porque aquello no era para niños y sin duda habría de perturbar nuestro sueño. Termine de beber, colocando la taza vacía sobre la mesa, aquellas imágenes desplazaron la tempestad de mi memoria.

─ Necesito algo más que un café, ¿pedimos whiskey? ─ preguntó y asentí en silencio. ─Por cierto, te traje un regalo─, dijo mientras sonreía en forma burlona ─ seguro te va gustar. ─ Tomo aquel paquete que había colocado en la silla a su costado, acercándolo frente a mí.

─ ¿Un perfume? ─ dije.

 

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Inventario

Los regalos que nunca di:

Un disco, un libro, la playera de aquel concierto, tus chocolates favoritos, las palabras contenidas por el ego, las caricias a las que renuncié, un rosario de besos surgidos del deseo de contemplar tus labios y los poemas que me dictaba el brillo de tus ojos… otra historia que no ocurrió.

Todo sigue aquí.

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Letras Ajenas Logbook

En el trámite del día a la noche…

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Letras Ajenas Logbook

5 centímetros por segundo

¿A qué velocidad caerán las lágrimas? ¿Y a cuál volará la risa? ¿Cuándo empecé a escribir mensajes que nunca envío? ¿A qué velocidad debo vivir para volverte a ver?

—Dicen que caen a 5 centímetros por segundo.
—¿El qué?
—Los pétalos de la flor del cerezo. Caen a 5 centímetros por segundo. ¿No te recuerdan a la nieve?


No recuerdo cuando fue la mañana en la que me di cuenta de que todo era una gran mentira. No recuerdo cuándo llegué a la terrible comprensión de que la mayoría de la gente se iría perdiendo en el tiempo y en la rutina, de que yo jamás encajaría.

Cinco centímetros por segundo