Aunque…

Aun con tus reglas,
este es mi juego;
donde yo se que quiero…

y no.

No quiero una mujer de fantasía,
que sea perfecta.

Quiero una mujer real,
que me haga sentir.

No ofrezco ni mi luna o mis noches,
estrellas o ser alguien mas.

No prometo ser un príncipe
o convertirme en quien no soy.

Quiero a una mujer,
que acepte mis tristezas;
aun sin comprenderlas.

Comparta mis alegrías
y me regale sonrisas.

Quiero tu locura
contagiando mis días.
Y quiero sobretodo saber si eres tu,
aunque quizás no lo seas.

Intoxicado

Soy una jaula de palabras, de todas aquellas calladas. Verdades, mentiras e historias sin contar; una a una se fueran acumulando. Hacinándose en mi interior.

Soy su carcelero, las vigilo con atención pues buscan escapar; anhela su libertad. Tocan con fuerza las rejas de esta prisión, gritan y reclaman; sollozan y exigen… No las puedo culpar, después de todo las encerré sin razón, por miedo a hablar; las encerré porque “no sabia que decir” o les dije que las pronunciaría después porque no era el momento. Esa es la verdad, secuestre estas palabras y les he negado la luz; debo cuidarlas por todo lo que pudieran contar.

Pero hay días en que estos huesos no bastan para contenerlas, son tantas y ha sido tanto tiempo; que me es difícil mantenerlas en mi interior. Se agolpan en mi corazón, me saturan el pensamiento; se acumulan hasta congestionarme el hígado y embriagarme. Es entonces cuando comienzo a vomitarlas, por montones y sin sentido; llegan fuera de contexto, mutiladas e incompletas; en historias ficticias que nada tienen que ver conmigo o quizás todo. Y yo, en medio de esa borrachera; me aferro esperando e intentando ordenar esas palabras que llegan sin que puedan decir lo que debían ser en realidad. Así transcurren las horas, hasta que la embriaguez da paso al sueño.

Al despertar ordeno el desastre que he dejado, vuelvo a encerrar las palabras que aun han quedado dentro de mi, les pongo un candado mayor; aunque sé que un día cederá y esas palabras me intoxicaran hasta vomitarlas.

24 Busqueda

Hace tiempo escuchaba a una persona decir que no debemos cumplir nuestros sueños, porque una vez logrados ¿Qué sentido tendría continuar viviendo? ¿Qué nos motivaría? Esa era la razón por la cual había dejado de hacer todo lo que le gustaba y se había entregado a la bebida. No pude evitar pensar en que tenía razón, pero sabía algo que él había preferido ignorar para justificarse.

Siempre estamos en busca de algo (incluso aquellos que dicen no hacerlo), es nuestra naturaleza encontrarnos incompletos. Necesitado de algo, con algún deseo; anhelo. Y una vez alcanzado, será reemplazado por otro; eso es lo que nos impulsa a continuar cada día. La búsqueda constante.

Supongo ese es el sentido de nuestra existencia,  estar-ser incompletos para continuar en movimiento. Como átomos vibrando, manteniendo en funcionamiento el universo.

Soñé

– Anoche soñé contigo.

– ¡¿Ah sí?!

Sí.

– ¿Y qué soñaste?

– Nada, fue… solo un sueño.

– ¿Nada? No entiendo entonces por qué tendrías que mencionarlo. Anda, dime ¿qué soñaste?

Soñé… que no estaba más aquí, que me marchaba; no podía seguir a tu lado y por…

– ¡Para! No es gracioso. Odio cuando comienzas a decir esas cosas.

– ¡Ves! Te dije que no había sido nada, solo fue un sueño; lo siento.

– Está bien, te perdono; solo fue un mal sueño.

– Si, eso fue… Un mal sueño.