despedida

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Fuertes y valientes, pero siempre empáticos y nobles ante el sufrimiento…

(Esto no trata de mí)

Hace poco más de dos años tuve el que ha sido el más fuerte colapso mental/emocional de mi vida, diversas circunstancias me colocaron en esa difícil situación, en aquel momento ante mi solicitud de ayuda tuvieron a bien acercarse muchas personas (a quienes estoy profundamente agradecido por ello), una de esas personas fue mi tío Ricardo.

Seguro estoy que a mi tío (como justo les ocurre a otros) le costó comprender aquello que me sucedía, nacido en otras circunstancias, en una generación distinta, formado en sus propias batallas, no tengo duda que le fue complicado entender; pero a pesar de ello no dudo de acercarse y apoyarme justo como su corazón le dictaba. Más de una ocasión me alentó acompañándome a salir de casa, a caminar un poco, en donde lo importante era moverse y platicar, siempre se mantuvo al tanto de mí, de mi proceso, con sus consejos y procuró integrarme a sus convivencias (cosas que siempre hizo, pero esta vez con mayor insistencia dado que soy un tanto distante); incluso a pesar de las objeciones por parte de mi familia (porque eran mis cosas) llego a remodelar mi habitación para modificar un poco mi entorno y créanme que todo aquello me ayudó.

No creo que el sufrimiento nos vuelva nobles, que el dolor santifique o nos haga ser mejores personas, pero creo que como respondemos ante el sufrimiento de otros, si refleja quienes somos; empatizar con otro, incluso aunque nos cueste comprenderlo, ello sin duda nos hace nobles.

Una cualidad más de mi tío fue su fuerza, la vida lo llevo por diferentes encrucijadas, algunas propias y otras de las circunstancias, que hicieron de él una persona fuerte de carácter y físicamente; esa fue su escuela, aquella que tomó y que inculcó, incluso en sus últimos momentos. Hace un año fue diagnosticado con Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), una enfermedad rara y feroz, que enfrentó justo como sabía: con fuerza y valentía, siempre luchó en sus términos. Aunque ha partido de este plano, logró sobreponerse a su enfermedad, puesto se mantuvo digno y fuerte hasta el final; dándonos una última lección de su fuerza y valentía, pero sobre todo de nobleza, porque incluso en aquel momento, lo más importante fue su familia.

Hablar de errores/defectos de quien parte y queremos es un sin sentido, puesto que al final no son estos por lo que amamos a las personas, sino por sus cualidades y lo que entregan a nosotros; por ello de esta forma es como elijo recordarlo desde esa fuerza, valentía, empatía y nobleza.

Esto no se trata de mí, aunque al final toda perdida se trata de nosotros, lo que perdemos y por ello lloramos, nos lloramos egoístamente porque aquello no será más para nosotros; escribo un poco sobre mí para hablar de él, para contar esta pequeña parte y en enorme gratitud hacia él, porque contribuyó a que yo siguiera en pie, además (aunque irónico) hoy enfrento su dolorosa perdida con entereza gracias a ese apoyo.

Quienes nos quedamos, sabemos que el mundo será más difícil para nosotros, por eso esto se trata de mi familia, a quienes les digo que recordémoslos y no olvidemos lo que nos enseñó: ser fuertes y valientes, pero siempre empáticos y nobles ante el sufrimiento; y que como familia siempre nos tenemos, los quiero.

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A «solo un perro»

Mi perro llego a este casa de la misma manera que algunos otros antes: de origen incierto o raza especifica, mestizo hasta las orejas y abandonado. No fue el primero en llegar, desde hace tiempo vivía aquí otro, y tampoco el ultimo por aquellos que han estado de paso en espera de un hogar definitivo.

A cada perro se le quiere siempre, pero sucede que algunas veces es inevitable sentir cierta preferencia o al menos con él me resulto inevitable, era mi favorito. No es difícil describir la razón: su tamaño, su pelos alborotados pero sobretodo su carácter. Tan dócil y paciente, lo suficiente como para convertirse en el guardián de aquellos cachorros que llegaron en busca de un hogar e incluso el compañero de juegos de un gato pequeño, era capaz de soportar mordisco y arañazos sin molestarse.

Tenia una manera de entender las cosas que aun hoy al recordarlo me resulta sorprendente, no era solo obediencia, había en el inteligencia y muchas veces empatía. Como aquellos días cuando el mundo me resultaba insoportable, cuando me tendía fastidiado en el suelo, entonces el corría a mi lado para lamerme la cara y se tiraba junto a mi. ¿Podría entenderme o solo hacia lo que esperaba? Elijo creer lo primero, porque invariablemente cuando lo necesitaba el estaba cerca de mi. Me habría gustado entenderlo de la misma manera, pero hay tantas cosas que aun resultan un misterio, su gusto por cubrirse de lodo con agua estancada, preferir un hoyo de tierra a su cama para descansar o quedarse bajo la lluvia para jugar en los charco a refugiarse en su casa. Aun puedo verlo frente a mi puerta empujándola con su nariz intentando entrar, dando un pequeño baile pidiendo comida, corriendo hacia la puerta para recibirme y al escuchar su nombre saltar en busca de una caricia.

Entiendo que el mundo no es justo puesto que se rige por leyes del universo que poco sabe de eso, entiendo que las cosas suceden; cada día salir a pasear, algo que tanto disfrutaba, recorrer el campo y entiendo que incluso en un caso distinto una mordida de serpiente es invariablemente una sentencia. Lo entiendo… pero como muchas cosas no lo hace mas fácil y aun me duele recordar sus últimos momentos, apagándose de a poco, recostado en aquella cama que siempre rechazo. Aquellas inyecciones, su herida, el suero y soportar todo sin inmutarse, sin quejarse en ningún momento. Alegrarse un poco al encontrar un cachorro en el veterinario, mover su cola al escuchar su nombre y lamer mi mano al acariciarlo, incluso al final fue mas fuerte de lo que podría ser yo.

Mi perro llego a esta casa hace tiempo, hace ocho años, poco tiempo y aun así me cuesta recordarlo de cachorro, mas allá de su pequeño tamaño justo para caber dentro de mis manos, con su pelo negro y alborotado. Curioso… Hay momentos de la vida que pasan desapercibidos y solo el tiempo les asigna la justa importancia, eso sucedía en ese momento que llego aquel peludo a casa, solo ahora lo entiendo. Y si, se que hablo de un perro y llegara alguien a decir: “¡es solo un perro!«, pero sucede que en este mundo en ocasiones es mas sencillo encontrar nobleza y cariño en un animal que en otra persona, porque en toda su vida un perro poco es lo que pide y en cambio tanto lo que entrega; por eso hablo así de un perro. Puede ser una estupidez de mi parte producto de una creciente misantropía, pero solo aquellos que han compartido su vida junto a un perro pueden ser capaces de comprender lo que dejan cuando se van.

Mi perro se fue dejando en esta casa un gran vacío, una ausencia infinitamente mayor que su tamaño, lo echare de menos porque sé que no vendrá a reconfortarme ¡y vaya que me hace falta!

A Peluche.

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