El problema

El problema es que tú te entregas con el corazón.

— ¿Hay otra forma de entregarse?

— No lo se, pero de esa forma saldrás lastimado.

— ¿Lastimado? Un corazón roto no es tan grave.

— Entonces, ¿no tienes miedo?

— ¡Claro que tengo miedo! Pero también tengo esperanza y después de todo de eso se trata. ¿No? Dar lo mejor y esperar que resulte, es un salto al vacío.

— No se si eres valiente o imbécil.

— Los dos, y ese es el problema.

Me gusta…

Me gusta.
Imperfecta,
alegre;
risueña,
valiente.

Me gusta
lejana,
aunque no ausente.
Temporal,
pero no efímera.

Me gusta.
Sin entenderlo,
sin razón
o motivo.
Sin cuestionarlo.

Me gusta
de pies a cabeza,
breve como es.
Ella me gusta.

Dolor de Media Tarde

De este dolor de media tarde, mientras me devoro el corazón a cucharadas de nostalgia; escucho tu ausencia a mi lado… en esta silla vacía junto a la mesa, en el monótono dialogo en que me he enfrascado con la nada.

Apresuro cada cucharada, no obstante procuro saborear cada una con calma; sigo alimentando mi insaciable tristeza y procuro ignorar el vacío que me rodea. Debo salir de prisa, regresar a las labores del día y huir de mí; lejos de este lugar lleno de memorias que no me pertenecen… que me resultan tan ajenas como el tipo que veo cada mañana frente al espejo.

Debo escapar… en busca de alguien, de quien sea; cualquier compañía es buena cuando no se quiere estar con uno mismo o por lo menos cuando se desea alejarse de un hogar extraño, poseso de fantasmas y demonios. Entonces me refugio en la multitud, en la muchedumbre ignorante de la ausencia que me invade y persigue.

Repetir la misma tarea rodeado de extraños, aliviado de encontrar mas cosas por hacer y de que aun no llega la noche para carcomerme; que aun me queda la tarde.