(100) Todas las mentiras

Se anudan a mi cuello,
se afilan en mi lengua,
se clavan en mi boca,
y ahogan mi aliento.

Rasgan la piel
y se derrama el pecho,
tiñen el asfalto,
trazando el camino
por donde desfilan,
penitentes marchan, festivas,
fúnebres, danzan, gritan y callan.

Todas…
Profanas y sagradas,
inocentes y maliciosas,
nuevas y olvidadas.

El primer lamento,
la palabra, las letras,
el verso y los días.

El momento y los amigos,
los tragos y la fiesta.
Tu mano en mi mano,
tu cuerpo sobre el mío.
Ludus, Storgé, Eros.

Los recuerdos endulzados
y las amargas memorias,
el mañana postergado,
los universos improbables,
el futuro inalcanzable
y las promesas incumplidas.
Ágape, Manía, Pragma.

Cubren calle y acera,
trepan por los muros,
devoran la ciudad
y suena al compás la música
fúnebre, tambores de guerra,
batucada, sones, jaranas…
Todo suena, estalla,
todas cantan, de memoria,
improvisando, a pie de letra.

Silencio, susurro.

La mano al pecho
contiene la herida,
respira el abismo,
un suspiro desborda el alma,
la oscuridad regresa
y satura los poros.

No hay llanto, no hay palabras.
Solo silencio, calles mudas,
el vació que aplasta,
el anhelo latente

Quisiera ser río,
y enterrar el corazón bajo sal,
bañar tu cuerpo
a la orilla del mar
con todas, todas estas mentiras
contenidas en una y mil vidas.

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La persistencia del tiempo

¿No lo odias? ─pregunté mientras contemplaba el movimiento del café agitado por la cuchara en mi mano.

─ ¿Odiarlo? Para nada ─, respondió mientras llevaba su taza a la boca. ─Te concentras en sinsentidos─ añadió tras su primer sorbo.

─ ¿Sinsentido? ¡Vaya! ─ respondí, incrédulo e incapaz de comprender que todo aquello le pareciera simplemente una nimiedad. Cerré lo ojos mientras sostenía la taza cerca de mi nariz e inhalé, aun podía percibirlo incluso por encima del intenso aroma del café, aquella fragancia aun saturaba cada célula de mi olfato, intoxicándome, aferrándose cubriendo cada poro de piel. ─ ¿Sabes que podría identificarlo entre cualquier otra esencia? Sin alguna duda…

─ Estoy seguro de ello, cabrón ─ interrumpió sereno, apartando su taza vacía. ─ Pero justo te concentras, una y otra vez, en aquello que debiste dejar atrás hace mucho tiempo. ¿Cuánto ha pasado? ¿Ocho años? ¿Cinco? Y aquí sigues aferrado, perturbado por una fragancia inexistente, un recuerdo que solo está en tu memoria ─, no respondí.

Tenía razón, aquel aroma llegaba de improvisto revuelto en la brisa ajeno a aquella figura que evocaba, aquel cuerpo que una vez perteneció, perturbando mi equilibrio; preso de un espejismo sensorial. Después de todo, de tanto tiempo, de tanta distancia, ¿cómo podría estar ahí su aroma sin su piel? ¿para qué habría de volver?

Levante mi taza, di un largo trago, y nuevamente percibí el aroma de ese café, solitario. Invocando recuerdos de la infancia, de aquellas mañanas de beber café, pero “solo un poco” porque aquello no era para niños y sin duda habría de perturbar nuestro sueño. Termine de beber, colocando la taza vacía sobre la mesa, aquellas imágenes desplazaron la tempestad de mi memoria.

─ Necesito algo más que un café, ¿pedimos whiskey? ─ preguntó y asentí en silencio. ─Por cierto, te traje un regalo─, dijo mientras sonreía en forma burlona ─ seguro te va gustar. ─ Tomo aquel paquete que había colocado en la silla a su costado, acercándolo frente a mí.

─ ¿Un perfume? ─ dije.

 

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Inventario

Los regalos que nunca di:

Un disco, un libro, la playera de aquel concierto, tus chocolates favoritos, las palabras contenidas por el ego, las caricias a las que renuncié, un rosario de besos surgidos del deseo de contemplar tus labios y los poemas que me dictaba el brillo de tus ojos… otra historia que no ocurrió.

Todo sigue aquí.

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