Trece

Me persiguen, estoy completamente seguro de ello; puedo escuchar su implacable marcha. No importa el lugar, no importa mi andar; su acechar es constante. A cada paso los segundos caen sobre mí. Uno, dos; tres…

Imposible escapar de esa turba imaginaria, violenta; que agota lo días y caduca la vida. Somos presas de nuestra creación, de un concepto abstracto empleando por acuerdo; nos controlan y rigen. Pienso en lo efímero y mientras pienso, avanzan. Diez, once; doce…

Y detrás del andar de cada segundo mi hora se acerca, puedo escucharla con claridad; impaciente por llegar. Veinte, treinta, cuarenta…

Me persiguen, se acercan; se agotan. Cincuenta y dos, tick; tack…
Tick, tack… Tick, tack…
Tick, tack.





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La Tempestad

La tormenta se desata, inicia el huracán; las ratas son las primeras en escapar. Suena la alarma, es el rápido palpitar de mi corazón; anunciando el desastre. El viento agita mi alma, estremeciendo el mundo; enredando nubes y recuerdos que llenan de penumbra mi interior. La lluvia arremete con fuerza, desbordando las pupilas e inundando mi voz.

En medio de la nada me aferro a mi embarcación, esperando resistir la violencia de las olas. La hipotermia se hace presente, es el tiempo sumergido. Mi pensamiento se enturbia, es la niebla y la noche; es el frio y el miedo. La tormenta no cesa, tiemblo.

Avanza la tempestad consumiendo mis fuerzas, por un instante los relámpagos me arranca del letargo. Lentamente anestesiado por el cansancio, y sin señales de tregua; dormito.

Despierto, descubierto por los rayos del sol. Las aguas en calma, mi barco a flote y mi alma serena. Observo el horizonte, buscando alrededor y lo descubro… Una mentira, una ilusión; el ojo del huracán.

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A propósito… paradojas

 

“-¿Qué haces aquí? -preguntó al bebedor, a quien encontró instalado en silencio ante una colección de botellas vacías y una colección de botellas llenas.

-Bebo -respondió el bebedor, con aire lúgubre.

-¿Por qué bebes? -le preguntó el principito.

-Para olvidar -respondió el bebedor.

-¿Para olvidar qué? -inquirió el principito, que ya lo compadecía.

-Para olvidar que me da vergüenza -confesó el bebedor, bajando la cabeza

-¿Vergüenza de qué? -se informó el principito, que deseaba socorrerlo.

-¡Vergüenza de beber! -concluyó el bebedor, encerrándose definitivamente en el silencio.”

 

“El Principito” Antoine de Saint- Exupèry

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Paradojas para joder

Desperté pensando en ayer esperando que fuera diferente, y solo me descubrí lleno de rabia e invitando al caos; haciendo de mi andar una pesada carga. Exhausto, termine sepultado entre sabanas pesadas como lozas; tejidas de nostalgia.

Hoy despierto y ayer duele, duele como hoy y siento miedo que duela como mañana. Me doy cuenta que existo fuera del momento, vivo fuera del tiempo y por lo tanto lo que sufro es mi inexistencia.
Quizás por ello, cada mañana cuestiono el ayer; buscando en la memoria pruebas de mi existencia.

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