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Letras sin Sentido

Mis letras.

Deslízate

By Letras sin SentidoNo Comments
Deslízate entre mi piel y mis sueños, domina mis miedos; transforma mis dudas. Conviérteme en un optimista y llévame al mundo de ensueño, quiero ver todo color rosa. Quiero lágrimas de risas, quiero planes y promesas; que tu mano sea la que guie mi andar.

Deslízate y llévame contigo, escapemos lejos de todo; para ser los únicos extraños y nunca terminar de conocernos. Para creer que nos pertenecemos, que el azar es destino; convencernos que así está escrito. Y olvidemos por completo todo lo que dejamos.

Deslízate entre mis ideas, nubla mi razón; aniquila mi pensamiento. Silencia las dudas, encarcela mi sentido común; hazme creer que dos son uno y ese uno eres tú. Que yo no existe, porque es egoísmo y esto debe ser perfecto.

Deslízate una vez más, la última vez; fuera de mí.

Puede que pueda

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Puede que pueda estar equivocado, que nada sea o quizás al contrario. Y este sea el porqué de la duda, el temblor de mis manos y la rabia que me inunda. Nada es dogma o verdad completa, soy consciente y no es lo que me aterra.

Puede que pueda seguir soñando, viviendo en diferido y por ello este sonriendo. Que este letargo sea el anestesiante idilio, el levitar del alegre ilusión; el lento andar del mundo. La realidad negada del desastre en potencia.

Puede que pueda estar en lo cierto y todo este perdido, que nada tenga sentido o quizás al contrario.

Trece

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Me persiguen, estoy completamente seguro de ello; puedo escuchar su implacable marcha. No importa el lugar, no importa mi andar; su acechar es constante. A cada paso los segundos caen sobre mí. Uno, dos; tres…

Imposible escapar de esa turba imaginaria, violenta; que agota lo días y caduca la vida. Somos presas de nuestra creación, de un concepto abstracto empleando por acuerdo; nos controlan y rigen. Pienso en lo efímero y mientras pienso, avanzan. Diez, once; doce…

Y detrás del andar de cada segundo mi hora se acerca, puedo escucharla con claridad; impaciente por llegar. Veinte, treinta, cuarenta…

Me persiguen, se acercan; se agotan. Cincuenta y dos, tick; tack…
Tick, tack… Tick, tack…
Tick, tack.





La Tempestad

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La tormenta se desata, inicia el huracán; las ratas son las primeras en escapar. Suena la alarma, es el rápido palpitar de mi corazón; anunciando el desastre. El viento agita mi alma, estremeciendo el mundo; enredando nubes y recuerdos que llenan de penumbra mi interior. La lluvia arremete con fuerza, desbordando las pupilas e inundando mi voz.

En medio de la nada me aferro a mi embarcación, esperando resistir la violencia de las olas. La hipotermia se hace presente, es el tiempo sumergido. Mi pensamiento se enturbia, es la niebla y la noche; es el frio y el miedo. La tormenta no cesa, tiemblo.

Avanza la tempestad consumiendo mis fuerzas, por un instante los relámpagos me arranca del letargo. Lentamente anestesiado por el cansancio, y sin señales de tregua; dormito.

Despierto, descubierto por los rayos del sol. Las aguas en calma, mi barco a flote y mi alma serena. Observo el horizonte, buscando alrededor y lo descubro… Una mentira, una ilusión; el ojo del huracán.

Paradojas para joder

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Desperté pensando en ayer esperando que fuera diferente, y solo me descubrí lleno de rabia e invitando al caos; haciendo de mi andar una pesada carga. Exhausto, termine sepultado entre sabanas pesadas como lozas; tejidas de nostalgia.

Hoy despierto y ayer duele, duele como hoy y siento miedo que duela como mañana. Me doy cuenta que existo fuera del momento, vivo fuera del tiempo y por lo tanto lo que sufro es mi inexistencia.
Quizás por ello, cada mañana cuestiono el ayer; buscando en la memoria pruebas de mi existencia.

09

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Desastre en potencia es profecía, casi invocación. El caos se presenta espontáneamente, en forma explosiva; se desencadena y se propaga. Me rasga la piel hasta el alma, carcome mis huesos; oprime el corazón.

Manifiesto

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Soy un desastre en potencia, debo anunciar; porque nada será si desconoces la verdad. De mi la cordura hace tiempo se fugó en busca de utopías, cazando la eternidad. Mi corazón sufre de narcolepsia y terror  nocturno, en cualquier latido puede ser víctima de sueño. Tengo conciencia nerviosa que se inquieta con facilidad, lo alteran las acciones de mis vecinos; comienza a temblar.
Aún conservo mi infantil inocencia, acompañada de una adolescente inmadurez y un ánimo senil. Un humor sarcástico que tiende ser burlón, insensibilidad momentánea y remordimientos constantes. Empatía dolorosa, bondad reprimida por la cual ocasionalmente soy confundido como incorregible pendejo idealista. No soy confiable y tiendo a ser una mala influencia, si molesto me quedo.
Algún tiempo deje de tener amigos, por lo que aún me cuesta fiarme de ellos. Me asustan los extraños que no tienen vicios. Mis modelos a no seguir incluyen algunos religiosos, por ahora no me preocupa el cielo; aunque hace mucho tiempo deje de ser ateo. Creo, pues mi alma vibra con la armonía del universo. Dudo, pues es mi naturaleza cuestionarme y más cuando ensordece el silencio.
Pensándolo un poco quizás decir desastre es exagerar, aún hay más por enunciar; si mañana sigues por aquí lo sabrás.

Los Reyes Magos

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Recuerdo haber dejado muchas cartitasen mis zapatos, algunas enviadas por globo; lo importante era que yo las debía escribir y que debía llegar a tiempo para que trajeran mis juguetes. 
Recuerdo un día, buscar con emoción y no encontrar nada por ningún lado; me había portado mal. Así es como se obtiene un niño realmente triste, aunque poco duro la tristeza y el castigo; mi abuelita me entrego mi regalo. No soporto ver a su nieto sin la patineta que tanto quería. 
Hace tiempo, recuerdo a mi mamá ayudándome a escribir la cartita, platicarle con mi papá de lo que había pedido; mi abuelita siendo  mi  su cómplice. Extraño despertar este día con la ilusión de quien aún cree en magia.

Sentir

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Tengo la constante impresión que el mundo condena los sentimientos, sentir es un signo de debilidad y la debilidad es intolerable. Las emociones forman parte de nuestra naturaleza, y a pesar de ello demostrar su existencia es causa de admiración.

Hay sentimientos que son más condenables que otros, que solo deben existir tras cerrar la puerta. Sentimientos que son exclusivos de las mujeres, porque el hombre debe ser fuerte. Algunos que deben ser desterrados al crecer, porque un adulto no debe permitírselos.

Es así porque nuestro entorno (sociedad, religión; cultura, familia; educación, etc.) dicta que sentimientos y en qué medida son correctos. Vivir dentro de esos parámetros es nuestra obligación.

Alguna vez camine con un ramo de rosas por la ciudad, mientras la gente me observaba. Alguna vez llore ante una audiencia de extraños. Demostré inocencia o ingenuidad, compasión; temor, tristeza… Debilidad. Y el mundo lo desaprobó.

Puede ser que tenga una mala impresión, que el mundo no condena los sentimientos; que demostrarlos es permitido para todos y por igual. Pero de todas esas ocasiones en que estuve fuera de los parámetros puedo recordar las miradas y los susurros, la certeza de saberme ajeno; diferente. Quizás por ello, supongo que sentir es condenable; porque se castiga lo diferente.

El mundo condena los sentimientos, puede ser. Yo, tengo la fortaleza para demostrar mi debilidad; para sentir en total libertad.

02

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El parpadear del cursor es una visión común al intentar escribir, al parecer la necesidad solo surge con la imposibilidad de ser satisfecha. Estoy habituado a ello, puede ser que se haya convertido en mi pretexto preferido; la ausencia de inspiración.
¡Ey! Hoy voy a escribir. – Fácil, lo complejo llega al instante y más siendo consciente de que las letras están ahí; pero se niegan a presentarse en un orden coherente o en ocasiones en cualquier orden. Supongo es el miedo.
Cuando escribimos, entre líneas se esconde nuestra personalidad; puede ser solo una imagen parcial y difusa. Lo real, es que forma parte de nosotros. De ahí surge el temor, mi temor.
Pues bien, esto me he propuesto; enfrentare todos mis miedos. Y aquí estoy escribiendo, porque hoy soy consciente que detenerse no es opción y que se debe dar cuerda al reloj de la vida.