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El parpadear del cursor es una visión común al intentar escribir, al parecer la necesidad solo surge con la imposibilidad de ser satisfecha. Estoy habituado a ello, puede ser que se haya convertido en mi pretexto preferido; la ausencia de inspiración.
¡Ey! Hoy voy a escribir. – Fácil, lo complejo llega al instante y más siendo consciente de que las letras están ahí; pero se niegan a presentarse en un orden coherente o en ocasiones en cualquier orden. Supongo es el miedo.
Cuando escribimos, entre líneas se esconde nuestra personalidad; puede ser solo una imagen parcial y difusa. Lo real, es que forma parte de nosotros. De ahí surge el temor, mi temor.
Pues bien, esto me he propuesto; enfrentare todos mis miedos. Y aquí estoy escribiendo, porque hoy soy consciente que detenerse no es opción y que se debe dar cuerda al reloj de la vida.

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