Inventario

Los regalos que nunca di:

Un disco, un libro, la playera de aquel concierto, tus chocolates favoritos, las palabras contenidas por el ego, las caricias a las que renuncié, un rosario de besos surgidos del deseo de contemplar tus labios y los poemas que me dictaba el brillo de tus ojos… otra historia que no ocurrió.

Todo sigue aquí.

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Des-Conocidos

La conocí en el bachillerato, para ser sincero esa era toda la relación que existió entre nosotros: simples conocidos. Conocidos… Es la máxima etiqueta que se puede atribuirle a una persona que comparte contigo la misma rutina durante cinco días a la semana con la que solo cruzas las palabras necesarias y alguna broma ocasional, es decir; éramos mutuamente consientes de la existencia del otro, pero no era relevante para ninguno de los dos. Para mi solo era una figura gris dentro de aquel salón.

Todo cambio en quinto semestre, comencé a notar a su mejor amiga; porque con ella había compartido muchas palabras y bromas que cualquiera de mis conocidos. Ellas, eran las mejores amigas; inseparables desde el primer momento que se conocieron en aquella escuela. Como todas las amigas compartían sus secretos, se sentían orgullosas de afirmar que eran como “hermanas gemelas de distintos padres” y siempre sabían lo que la otra pensaba. Clara, era el nombre de su amiga y era una ironía con respecto alma.

Me enamore perdidamente, a fuerza de convivir día a día y reinos de los mismos chistes; compartir experiencias e imaginarnos iguales. A pesar de eso, al tratar de recordar a Clara hay muchas vacíos que me hacen imposible describirla; puedo recordar el amor que llegue a sentir por ella y la forma en que se alejaba constantemente de mi lado. Para ella, la revelación de mi amor resulto como una mala broma, supongo que cruce el punto de sin retorno a la zona de amigos o ella encontraba mucho mas cómodo mantenerme en ese estado.

Ese fue mi gran error, cuando me enamore comenzamos a pasar mas tiempo juntos; salidas al cine, pasear por el parque; hacer tarea, todo juntos… los tres. Clara, su mejor amiga y yo. Al principio, no permití que esa situación me desanimara, pero eventualmente Clara mostro un lado más cruel o al menos así lo recuerdo.

Cuando “mi amor” conoció a alguien de quien se enamoro, quede deshecho. No podía imaginar entender la razón por la que él era mejor que yo, fue esto lo que me trastorno por completo.

La relación de Clara quebró nuestra amistad, no solo la de ella conmigo; sino también con su mejor amiga. Clara tenía menos tiempo para convivir con su “hermana gemela de otros padres”, así terminaron las salidas al menos junto a mi; el poco tiempo que tenía era para ponerse al día y compartir solo unos cuantos secretos.

Fue aquello lo que me unió a ella, la mejor amiga de Clara. Teníamos una rutina que deseábamos mantener, además para ella era evidente que yo me encontraba necesitado de un amiga para ser escuchado y ella lo sabia hacer muy bien. Continuamos saliendo como lo habíamos hecho los tres juntos, salvo que ahora solo éramos nosotros dos. Involuntariamente comencé a abrirme poco a poco, a desahogarme de aquel dolor que Clara me dejo; por alguna extraña razón me sentía libre de hablar sin ninguna limitación. E igual de extraño es que nunca dejo de parecerme aquella misma figura gris que conocí al inicio del bachillerato, pero ahora sentía una completa confianza hacia ella; algo nuevo que no había conocido con ninguna persona.

Ella tenía la habilidad para escuchar que hacia fácil compartir hasta los aspectos más vergonzosos de aquella decepción de amor, aunado a eso siempre encontraba las palabras adecuadas para hacerme sentir mejor e infundía en mí unos ánimos renovados. Con su apoyo y consejos se encargo de revivir la esperanza por conquistar a Clara, después de todo ella “conocía a su hermana y sabia que entendería cuanto había perdido; al final estaríamos juntos”.

La vida es muy curiosa, aunque sentía un total escepticismos; eventualmente ella tuvo razón. Cuando comenzaba a nacer en mí un sentimiento de resignación, la relación de Clara término; lo que me dio pase para recordarle que seguía esperando y en ningún momento la había olvidado, porque esto que sentía era real. Era nuestro ultimo semestre, Clara se hizo mi novia; no podía ser mejor.

Aunque una vez mas nuestra relación no volvió a ser igual, los tres seguíamos conviviendo. Clara y yo, compartíamos la mayoría de las tardes y fines de semana; pero ocasionalmente su mejor amiga nos acompañaba y volvía a ser como al principio. Su amiga se mostraba muy contenta por nuestra relación, en ningún momento dejo de apoyarme o aconsejarme con las sorpresas y los regalos para Clara.

Entre aquella felicidad los días corriendo con prisa, antes de lo que hubiera deseado el bachillerato concluyo; debíamos seguir nuestro camino. Afortunadamente el de Clara y el mio seguirían juntos por algún tiempo, aunque estaríamos en distintas carreras habíamos elegido la misma escuela por lo que no tendríamos que separarnos; me sentía contento y encontraba en ello una confirmación de que estábamos destinados el uno para el otro.

Para su mejor amiga, “hermana gemela de otros padres”; la situación era distinta. Ella había elegido estudiar en otra ciudad, solo estaría a dos horas de camino; pero se mudaría. Los tres sabíamos lo que aquello significaba, conocidos por la convivencia y amigos por la cercanía; la distancia inevitablemente destruiría aquello. Clara fue la más afectada con la partida de su amiga, perdía a su confidente; con la que había compartido tres años de secretos y quien la entendía por completo. Para mí fue mas sencillo, estaba agradecido con ella por todo lo que había hecho por mí, después de todo Clara estaba a mi lado por ella; pero seguía siendo aquella figura gris y no sentí pesar en su partida.

Fue esa ausencia la que convirtió mi relación con Clara en algo mas solido, sin su “hermana gemela” ahora era yo el custodio de sus secretos; con quien compartía la mayor parte de sus horas. Esa fue mi mejor etapa, me encantaba la carrera que había elegido por lo que la escuela era realmente simple y tenía una relación perfecta; nada podía ir mal o eso pensaba.

Clara encontró la escuela “decepcionante”, la carrera “aburrida”; me manifestaba su descontento a cada oportunidad. Nació en ella una nueva inquietud, quería estudiar “algo más” y tenia que ser en otro lugar; en otra ciudad. Todo en mi me impulsaba a hacer lo contrario, pero tenia que mostrarme comprensivo y apoyarla por completo; aunque eso significara alejarnos. No importaba, “lo haríamos funcionar”.

Clara se marcho, lejos de aquí; a otra ciudad mucho más lejos que su amiga. Le bastaron dos semanas para encontrar “insoportable la situación”, no era su deseo y sin duda la distancia era la culpable; pero había encontrado a alguien más. No quería “seguir engañándome, así que era mejor terminar”.

“Seguir”, esa solo palabra taladraba mi mente constantemente .Y así conocí el alma de Clara, trastornándome una vez mas; pero esta vez en forma mucho mas violenta.

Al principio no lograba hilar una idea racional, la confusión hizo presa de mi; me sentía agobiado con una enorme urgente necesidad de ser escuchado. Fue entonces cuando pensé en ella; en la mejor amiga de Clara; después de tanto tiempo regresaba a mi la noción de su existencia.

Tuve que buscar a sus padres para obtener su teléfono y dirección, “es un favor para Clara, quiere saludarla”; mentí. No hubo duda, estaba seguro por completo que ella entendería; enseguida marque su número y hable con ella. La primera conversación no se extendió mas allá de cinco minutos, porque esa no era mi intención; no estaba interesado en desahogarme colgado al teléfono. “Se fue y encontró alguien mas, necesito verte”, dije. Lo acepto con naturalidad y así quedo pactado, ese fin de semana yo tomaría el autobús que en dos horas me llevaría hasta ella.

El encuentro siguió en el mismo tono, parecía que la noción de tiempo no había existido entre nosotros; solo el escenario había cambiado. Nuestra relación seguía siendo la misma, ella conservaba su habilidad para escuchar y a mi me seguía pareciendo una figura gris; pero también seguía haciéndome sentir una completa confianza.

Me desahogue, ella escucho con completa paciencia y una vez mas encontró las palabras que adecuadas; pero esta vez se aseguro de no infundir esperanza en mi corazón sino resignación y ánimos para continuar. Aquello, todas esas palabras y sus consejos; pero sobre todo el apoyo sin condición era justo lo que necesitaba.

Sin anticiparlo, la vida nos demostró lo curiosa que puede ser, las horas avanzaron y nuestra relación también; terminamos en su departamento y ocurrió lo que nunca imagine que ocurriría. Nunca la había pensado de esa forma, para mi era solo aquella figura gris que me resultaba indiferente; pero ahí estábamos los dos en aquel momento desnudos cubiertos de sudor.

Al llegar la mañana, la vida continuó con normalidad. ¿Por qué habría de ser diferente por un orgasmo de por medio? Así actuó ella y así lo asumí yo, continuamos conversando; pero sin hablar de lo ocurrido. Finalmente regrese a mi ciudad.

En realidad nada cambio, ella no me llamaba y ni yo a ella; aun éramos mutuamente consientes de la existencia del otro, pero seguía sin ser relevante para ninguno de los dos. Solo éramos dos conocidos que la distancia había separado, aunque en realidad hubo un cambio mínimo; ocasionalmente viajaba en busca de libros, algún evento a esa ciudad o simplemente para romper la monotonía y siempre nos encontrábamos.

Bastaba una llamada para concretar el encuentro, ella encontraba el tiempo para estar ahí y nuestra rutina era la misma de cada visita. Me recordaba aquellos días de bachillerato, salvo la ausencia de Clara; frecuentábamos los mismos lugares y platicamos las mismas cosas. Al final de la noche, su cama se convertía en mi hogar y al despertar todo regresaba a la normalidad; con el silencio al parecer previamente acordado sobre el tema.

Me enamore, una o dos veces; muchas veces. Entre cada amor y cada dolor, las visitas aquella ciudad se convirtió en algo esporádico. Ella seguía recibiéndome igual que la primera vez, seguía escuchándome; me conocía y sabia de cada amor. Me apoyaba en todo momento y aun compartíamos las sabanas, sin preguntas o reproches; sin mentiras o promesas.

Ella no espera nada, todo aquello era simple; era una relación que me resultaba mantener fácilmente. No tenia que pretender que me importaba, porque realmente no era así; tampoco tenia que dedicarle mis horas o mi energía. Bastaba con estar, con el momento; nuestra sola presencia en el mismo instante hacia surgir todo aquello, que no tengo la menor idea que era.

Quizás solo era lo mismo de hace años, lo mismo que había al inicio; dos desconocidos que al encontrase comparten una rutina y cruzan algunas palabras; muchas palabras. Pero ella seguía siendo una figura gris, solo eso; con la habilidad de escucharme.

El tiempo que lo jode todo, lo descompone; me trataba bien. Andaba de un lado a otro envuelto en amores y olvidos, así llego el final de la carrera; el primer trabajo. Y aquellos viajes eran menos y cada vez más lejanos, aunque siempre iguales. Hasta que el tiempo se canso.

Hoy justo, hace cinco meses sin verla. Recibo un correo, el primero en años; el único. Hoy, es su boda. Ni siquiera estaba enterado que hubiera tenido alguna relación o que tuviera algún amigo, ni siquiera recuerdo cual es su carrera o si incluso la termino. No estoy seguro que es de su vida, de hecho me doy cuenta de que de muy pocas cosas estoy seguro en verdad acerca de ella. Solo de lo que sucedió y de lo que ni siquiera sé que fue. Seguro de que no la volveré a ver jamás, porque así lo quiere y por ello así será.

Seguro que no éramos más que simples conocidos, que ella era una figura gris en aquel salón y que la amo. La amo profundamente y no la volveré a ver nunca más. Estoy trastornado, deshecho como nunca lo había estado y sin quien me pueda escuchar. La vida es curiosa y caprichosa; bromista y cruel; una hija de puta. Que reúne a extraños solo para sepáralos.

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26

Hay días en los que las letras huyen, como si no hubiera nada más que decir (aunque en realidad lo haya). En que, incluso las letras que prepare para esos días resultan complicadas de entender y ordenar. Se repiten, me repito.

Tenia una muy buena historia para contar, entonces me di cuenta que ya la había escrito; arranque la hoja y comencé otra vez. Y una vez mas, era lo mismo. Tarde en entender que esa historia la había vivido, una vez y dos; una cuantas. Deje de escribir

Con tiempo lo intentare otra vez, lo esencial es no detenerse.

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