Los Reyes Magos

Recuerdo haber dejado muchas cartitasen mis zapatos, algunas enviadas por globo; lo importante era que yo las debía escribir y que debía llegar a tiempo para que trajeran mis juguetes. 
Recuerdo un día, buscar con emoción y no encontrar nada por ningún lado; me había portado mal. Así es como se obtiene un niño realmente triste, aunque poco duro la tristeza y el castigo; mi abuelita me entrego mi regalo. No soporto ver a su nieto sin la patineta que tanto quería. 
Hace tiempo, recuerdo a mi mamá ayudándome a escribir la cartita, platicarle con mi papá de lo que había pedido; mi abuelita siendo  mi  su cómplice. Extraño despertar este día con la ilusión de quien aún cree en magia.

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Sentir

Tengo la constante impresión que el mundo condena los sentimientos, sentir es un signo de debilidad y la debilidad es intolerable. Las emociones forman parte de nuestra naturaleza, y a pesar de ello demostrar su existencia es causa de admiración.

Hay sentimientos que son más condenables que otros, que solo deben existir tras cerrar la puerta. Sentimientos que son exclusivos de las mujeres, porque el hombre debe ser fuerte. Algunos que deben ser desterrados al crecer, porque un adulto no debe permitírselos.

Es así porque nuestro entorno (sociedad, religión; cultura, familia; educación, etc.) dicta que sentimientos y en qué medida son correctos. Vivir dentro de esos parámetros es nuestra obligación.

Alguna vez camine con un ramo de rosas por la ciudad, mientras la gente me observaba. Alguna vez llore ante una audiencia de extraños. Demostré inocencia o ingenuidad, compasión; temor, tristeza… Debilidad. Y el mundo lo desaprobó.

Puede ser que tenga una mala impresión, que el mundo no condena los sentimientos; que demostrarlos es permitido para todos y por igual. Pero de todas esas ocasiones en que estuve fuera de los parámetros puedo recordar las miradas y los susurros, la certeza de saberme ajeno; diferente. Quizás por ello, supongo que sentir es condenable; porque se castiga lo diferente.

El mundo condena los sentimientos, puede ser. Yo, tengo la fortaleza para demostrar mi debilidad; para sentir en total libertad.

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02

El parpadear del cursor es una visión común al intentar escribir, al parecer la necesidad solo surge con la imposibilidad de ser satisfecha. Estoy habituado a ello, puede ser que se haya convertido en mi pretexto preferido; la ausencia de inspiración.
¡Ey! Hoy voy a escribir. – Fácil, lo complejo llega al instante y más siendo consciente de que las letras están ahí; pero se niegan a presentarse en un orden coherente o en ocasiones en cualquier orden. Supongo es el miedo.
Cuando escribimos, entre líneas se esconde nuestra personalidad; puede ser solo una imagen parcial y difusa. Lo real, es que forma parte de nosotros. De ahí surge el temor, mi temor.
Pues bien, esto me he propuesto; enfrentare todos mis miedos. Y aquí estoy escribiendo, porque hoy soy consciente que detenerse no es opción y que se debe dar cuerda al reloj de la vida.

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