Si se te pierde el alma en un descuido

¿Qué hace esa india Huichola que ésta por parir? Ella recuerda. Recuerda intensamente la noche de amor de donde viene el niño que va a nacer. Piensa en eso con toda la fuerza de su memoria y su alegría. Así el cuerpo se abre, feliz de la felicidad que tuvo, y entonces nace el buen huichol, que será digno de aquel goce que lo hizo.

Un buen huichol cuida su alma, su alumbrosa fuerza de vida, pero bien sabe que el alma es más pequeña que una hormiga y más sueva que un susurro, una cosa de nada, un airecito, y en cualquier descuido se puede perder.

Un muchacho tropieza y rueda sierra abajo y el alma se desprende y cae en la rodada, atada como estaba nomás que por hilo de seda de araña. Entonces el joven huichol se aturde, se enferma. Balbuceando llama al guardián de los cantos sagrados, el sacerdote hechicero.

¿Qué busca ese viejo indio escarbando la sierra? Recorre el rastro por donde el enfermo anduvo. Sube, muy en silencio, por entre las rocas filosas, explorando los ramajes, hoja por hoja, y bajo las piedritas.¿Dónde se cayó la vida? ¿Dónde quedó asustada? Marcha lento y con los oídos muy abiertos, porque las almas perdidas lloran y a veces silban como la brisa.

Cuando encuentra el alma errante, el sacerdote hechicero la levanta en la punta de una pluma, la envuelve en un minúsculo copo de algodón y dentro de una cañita hueca la lleva de vuelta a su dueño, que no morirá

Eduardo Galeano

(Memoria del Fuego II : Las caras y las máscaras)

 

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HOMBRE NEGRO

Amigo, amigo mío,
estoy muy enfermo.
No sé de dónde me viene el dolor.
O es el viento que silba
sobre el campo desierto y sin nadie
o como al bosque en septiembre
inunda los sesos el alcohol.

Mi cabeza agita las orejas,
como el pájaro sus alas.
La cabeza ya no puede
cimbrearse en el cuello del pie.
Un hombre negro,
negro, negro,
un hombre negro
se sienta en mi cama;
un hombre negro
no me deja dormir.

El hombre negro
pasa el dedo por un libro horrible,
ganguea sobre mí
como sobre el muerto un monje:
me lee la vida
de un bribón y un perdido
y me llena el alma de angustia y pavor.
El hombre negro,
negro, negro.

«Escucha, escucha
—me susurra—,
el libro trata de asombrosas
ideas y planes.
Ese hombre
vivía en el país
de los más asquerosos
matones y charlatanes.

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A “solo un perro”

mi perro

Mi perro llego a este casa de la misma manera que algunos otros antes: de origen incierto o raza especifica, mestizo hasta las orejas y abandonado. No fue el primero en llegar, desde hace tiempo vivía aquí otro, y tampoco el ultimo por aquellos que han estado de paso en espera de un hogar definitivo.

A cada perro se le quiere siempre, pero sucede que algunas veces es inevitable sentir cierta preferencia o al menos con él me resulto inevitable, era mi favorito. No es difícil describir la razón: su tamaño, su pelos alborotados pero sobretodo su carácter. Tan dócil y paciente, lo suficiente como para convertirse en el guardián de aquellos cachorros que llegaron en busca de un hogar e incluso el compañero de juegos de un gato pequeño, era capaz de soportar mordisco y arañazos sin molestarse.

Tenia una manera de entender las cosas que aun hoy al recordarlo me resulta sorprendente, no era solo obediencia, había en el inteligencia y muchas veces empatía. Como aquellos días cuando el mundo me resultaba insoportable, cuando me tendía fastidiado en el suelo, entonces el corría a mi lado para lamerme la cara y se tiraba junto a mi. ¿Podría entenderme o solo hacia lo que esperaba? Elijo creer lo primero, porque invariablemente cuando lo necesitaba el estaba cerca de mi. Me habría gustado entenderlo de la misma manera, pero hay tantas cosas que aun resultan un misterio, su gusto por cubrirse de lodo con agua estancada, preferir un hoyo de tierra a su cama para descansar o quedarse bajo la lluvia para jugar en los charco a refugiarse en su casa. Aun puedo verlo frente a mi puerta empujándola con su nariz intentando entrar, dando un pequeño baile pidiendo comida, corriendo hacia la puerta para recibirme y al escuchar su nombre saltar en busca de una caricia.

Entiendo que el mundo no es justo puesto que se rige por leyes del universo que poco sabe de eso, entiendo que las cosas suceden; cada día salir a pasear, algo que tanto disfrutaba, recorrer el campo y entiendo que incluso en un caso distinto una mordida de serpiente es invariablemente una sentencia. Lo entiendo… pero como muchas cosas no lo hace mas fácil y aun me duele recordar sus últimos momentos, apagándose de a poco, recostado en aquella cama que siempre rechazo. Aquellas inyecciones, su herida, el suero y soportar todo sin inmutarse, sin quejarse en ningún momento. Alegrarse un poco al encontrar un cachorro en el veterinario, mover su cola al escuchar su nombre y lamer mi mano al acariciarlo, incluso al final fue mas fuerte de lo que podría ser yo.

Mi perro llego a esta casa hace tiempo, hace ocho años, poco tiempo y aun así me cuesta recordarlo de cachorro, mas allá de su pequeño tamaño justo para caber dentro de mis manos, con su pelo negro y alborotado. Curioso… Hay momentos de la vida que pasan desapercibidos y solo el tiempo les asigna la justa importancia, eso sucedía en ese momento que llego aquel peludo a casa, solo ahora lo entiendo. Y si, se que hablo de un perro y llegara alguien a decir: “¡es solo un perro!“, pero sucede que en este mundo en ocasiones es mas sencillo encontrar nobleza y cariño en un animal que en otra persona, porque en toda su vida un perro poco es lo que pide y en cambio tanto lo que entrega; por eso hablo así de un perro. Puede ser una estupidez de mi parte producto de una creciente misantropía, pero solo aquellos que han compartido su vida junto a un perro pueden ser capaces de comprender lo que dejan cuando se van.

Mi perro se fue dejando en esta casa un gran vacío, una ausencia infinitamente mayor que su tamaño, lo echare de menos porque sé que no vendrá a reconfortarme ¡y vaya que me hace falta!

A Peluche.

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Hola blog

No creo en el optimismo pasajero y la euforia temporal de fechas arbitrarias o de épocas especiales, en celebrar un giro al sol, pero a pesar de ello creo en el cambio como algo esencial. El cambio como urgencia para crecer, para ser mejor o peor (y eso en ocasiones también es crecer), para mantener el universo en movimiento.

Hace tiempo pensaba en cambiar, no impulsado por el optimismo pero quizás si por una esperanza necia como parte de una necesidad constante, comenzar una vez mas. Volver a escribir, aunque tenga que recurrir a trivialidades como en aquellas época antes de la redes sociales, ¿que importa si los blogs no están de moda? Por ello decidí terminar un blog (www.luisbe.in), cambiar y usar mi nombre. ¡Y eso es un cambio! Comencé escribir hace algún tiempo siempre usando un nombre distinto, cada uno por un motivo incluso ahora no he abandonado alguno de ellos, sin embargo hay algo que me impulsa a firmar estas letras… Aun no estoy seguro de que y quizás sea solo parte del cambio asumir que cada palabra es mía o quizás solo sea una cuestión de ego.

Habrá que esperar para saber que resulta de este cambio porque también entiendo que no siempre es lo que deseamos y en ocasiones se obtienen los mismos resultados, ayer no es distinto de hoy sin importar lo que diga el calendario y puede ser que este blog tenga el mismo destino que el anterior. Puede parecer pesimista pero suele suceder que algunas cosas sencillamente nunca cambian.

 

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085 Adiós blog

Nos quedamos en espera del mañana, la ultima promesa de tantas y rota al igual que las demás, pero lo cierto es que no existe un mejor tiempo y que mañana solo es incertidumbre. Que necesitar no es igual a poder, incluso en ocasiones ni siquiera cuestión de “querer”, es solo una frase que no aplica por igual sin importar cuanto lo necesitemos o queramos.

Pensé, intente… Mas de una ocasión, con el mismo resultado y creo que dos años son suficientes para desistir. Ha pasado antes aunque con otros nombres, algunos de ellos incluso ahora olvidados por mi, perdidos en el limbo de la red. Esto es algo que siempre me he preguntado: ¿qué sucede con un blog cuando se abandona? Bien, en realidad la cuestión no es el blog… ¿Qué es de su autor? Es lo que me intriga, el paradero de aquella persona responsable de cada letra, cada entrada.

Recuerdo hace algunos años atrás cuando la red se sostenía de blogs (o al menos eso decían), seguir al menos un par de ellos con regularidad y de esos unos cuantos eventualmente fueron abandonados. Una semana sin escribir, un mes, un año, unos años. Sin motivo e incluso en su “mejor momento”, sin una despedida; aquel espacio en disco de un servidor y un dominio previamente pagados continuaron sin alteraciones, inmutable, suspendido en la red con su autor “desaparecido”. Entonces de los comentarios de aquellos que llegaron a “ser famosos” surgieron historias desde matrimonio hasta muerte para justificar aquel final. Muchos o todos desaparecieron eventualmente por completo, borrados de aquel disco donde se almacenaba y su dominio revendido, dejando solo unos cuantos comentarios esparcidos por la red: “la que nunca olvida” pero sin la certeza de saber en realidad ¿qué fue de ellos?

Por eso decidí venir aquí, aunque nadie se lo llegue a preguntar o lleguen inventar alguna historia, solo para decir adiós al fin de este blog.

 

[Actualización: 31 de diciembre de 2014
Esta entrada fue la ultima de mi blog www.LuisBe.in]

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