De sazón

Escribe un poema en el que uses todas las palabras de la siguiente lista:

-Ejotes
-Chuleta
-Papel higiénico
-Arroz
-Chipotle
-Atún
-Tortillas
-Chayote
-Aspirina

Todas las palabras de la lista deberán estar distribuidas alrededor del poema, es decir, no está permitido enlistar ni mencionar dos o más juntas. La extención máxima es de 1000 caracteres.

Curiosa propuesta de “El Péndulo” como parte de un pequeño concurso, al que por no dejar me animé a escribir algo. Y al leer se animan a votar, pueden hacerlo aquí.



De sazón

Huevos con ejotes por la mañana.
¡Vaya forma de despertar!
Tú aroma impregnado en mi cama
Y en la mesa una taza de café.

Tu manera de danzar,
Tu andar liviano al cocinar.

Arroz esponjoso,
Ciencia que nunca entendí.
Tortillas a mano.
Tu corazón volcado en mí.

Chuleta en un sartén,
Chipotle en tu mejilla.
Mis manos en tu piel,
Soltando tú sostén.

 Tu manera de amar,
Atender cada detalle.
Y siempre recordar:
Mi odio al chayote,
Alegrar mi día,
Aliviar el dolor.

 Me mal acostumbraste, ex amada mía.
 De una buena vida a una lata de atún.
¡Vaya forma de despertar!
Escribir en papel higiénico
Y una aspirina para el malestar.

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27

— ¿Cuándo vas a crecer, Oliverio? Ya estas bastante grandecito para seguir haciendo pendejadas.— Me soltó a quemarropa, aunque mi nombre no es Oliverio y quizás no hayan sido esas sus palabras, posiblemente estoy algo confundido y solo he mezclado escenas de alguna película.

He tenido muchos nombres, alter egos, mas nunca me he llamado Oliverio. Me encanta mi nombre: Luis, pues me recuerda a mi abuelo; sin embargo me habría gustado ser Oliverio o Pablo o Mario o Fulano de Tal, Poeta. Quizás por eso me reinvento a cada momento, en cada letra, mala letra; para ocupar ese espacio que he creado deseando ser quien no soy.

Y tal vez, por eso he muerto varias veces, un par al menos, las necesarias aunque por ahora ninguna la definitiva. Entre tragos, cigarros, amores, tristezas y las noches…

Muchas noches. Envuelto en pensamientos, sumergido en el silencio.

—Busca una mujer, alguien que te quiera, cásate y se responsable. ¡Ya estas viejo! — Estas si fueron sus palabras, las recuerdo con precisión puesto que aún resuenan en mi interior.

¿Responsable? ¿De quién? Si soy incapaz de serlo de mí, por eso a las primeras de cambio, muero. Desaparece un ego y nace uno nuevo, con la esencia del anterior, con lo mejor de él o al menos eso quiero creer. He muerto tantas veces, las necesarias. No sé cuántas vidas me quedan…

—Te quiero; pero no puedo verte mas así, por eso me voy. — Se despidió de mí al mismo tiempo que me había deseado un “feliz cumpleaños”, y así empezaba otro giro entorno al sol: “¡Felicidades y Adiós!”.

Veintisiete, casi todo un año de posibilidades, para aprender a tocar un instrumento, para reunir un grupo y para grabar un gran disco. Todo un año para morir, otra vez.

— ¿Crecer? Quizás mañana, hoy… ¡Hoy es mi cumpleaños!— fue lo único que le dije.

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