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— ¿Cuándo vas a crecer, Oliverio? Ya estas bastante grandecito para seguir haciendo pendejadas.— Me soltó a quemarropa, aunque mi nombre no es Oliverio y quizás no hayan sido esas sus palabras, posiblemente estoy algo confundido y solo he mezclado escenas de alguna película.

He tenido muchos nombres, alter egos, mas nunca me he llamado Oliverio. Me encanta mi nombre: Luis, pues me recuerda a mi abuelo; sin embargo me habría gustado ser Oliverio o Pablo o Mario o Fulano de Tal, Poeta. Quizás por eso me reinvento a cada momento, en cada letra, mala letra; para ocupar ese espacio que he creado deseando ser quien no soy.

Y tal vez, por eso he muerto varias veces, un par al menos, las necesarias aunque por ahora ninguna la definitiva. Entre tragos, cigarros, amores, tristezas y las noches…

Muchas noches. Envuelto en pensamientos, sumergido en el silencio.

—Busca una mujer, alguien que te quiera, cásate y se responsable. ¡Ya estas viejo! — Estas si fueron sus palabras, las recuerdo con precisión puesto que aún resuenan en mi interior.

¿Responsable? ¿De quién? Si soy incapaz de serlo de mí, por eso a las primeras de cambio, muero. Desaparece un ego y nace uno nuevo, con la esencia del anterior, con lo mejor de él o al menos eso quiero creer. He muerto tantas veces, las necesarias. No sé cuántas vidas me quedan…

—Te quiero; pero no puedo verte mas así, por eso me voy. — Se despidió de mí al mismo tiempo que me había deseado un “feliz cumpleaños”, y así empezaba otro giro entorno al sol: “¡Felicidades y Adiós!”.

Veintisiete, casi todo un año de posibilidades, para aprender a tocar un instrumento, para reunir un grupo y para grabar un gran disco. Todo un año para morir, otra vez.

— ¿Crecer? Quizás mañana, hoy… ¡Hoy es mi cumpleaños!— fue lo único que le dije.

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